martes 20 de septiembre de 2011

Tinta

Algunos ya no saben el significado de esa palabra, pero para los más puristas, no es otra cosa que la propia sangre que recorre la imaginación de los grandes poetas y escritores en general. Podría tratarse de una metáfora, pero sin duda es algo incuestionable que las musas, como toda mujer, no apa recen a cualquier lugar, sino que necesitan un ambiente excesivamente ambientado (valga la redundancia).

El caso es que no logro entender a veces cómo la gente no tiene una gran necesidad de escribir. Yo, para ser sinceros, tengo últimamente sueños cuyas escenas podrían convertirse en grandes novelas. Y de motivarme para volver a dormir y soñar, probablemente cada vez que despierto lo hago creyendo que podría convertirme en un gran novelista. Las musas acaban volviendo a casa, aunque no sea por navidad, dejando quizás el mejor regalo que puede tener un gran aficionado a la tinta, la pluma y el papel: Una gran historia.

Pero en una sociedad tan frustrada con la imagen y las grandes apariencias, donde todo corre a un ritmo frenético, la verdadera esencia del ser humano se pierde. Ya no hay tiempo para pensar en nosotros, ni siquiera para dar voz a lo que se le suele llamar ser uno mismo. Nadie se acuerda que detrás de un gran trabajo existe un gran pensador y mucho menos que la gente ha aprendido de aquellos que escriben lo que pasa por sus cabezas. 

¿Cuántas veces habré podido oír la expresión "yo también quería haber estudiado periodismo, pero al final acabé en una ingeniería y ahora estoy amargado"? ¿Tan difícil es el poder perseguir tus sueños hasta los límites más insospechados?

Al final, la tinta recorre más cuerpos de los que ni yo, ni tú que me lees nos imaginamos. Porque ahora somos tu y yo, pero siempre habrá alguien que por dentro esté deseando desnudarse antre un trozo de papel, una pluma y convertirse en un río de tinta